Pertenezco a la Generación Subway

 Pertenezco a la generación Subway. La editorial Playa de Ákaba quiere impulsar el trabajo de creadores y escritores que destacan literariamente por tener una voz personalísima y valiente, completamente inclasificable, agrupándolos bajo la denominación de generación Subwaye, está impulsada por los escritores David Yeste, Rosario Curiel, Anamaría Trillo y Noemí Trujillo. Publicó el primer volumen de esta serie en diciembre de 2014 y se presentó en el Ateneo de Córdoba el 28 de enero de 2015, con gran éxito de participación, y el apoyo incondicional de Encarnación Sánchez Arenas y Eufrasio Navarro.

Ya esta aquí el segundo volumen de generación Subwaye, de poesía y relato corto en el que tengo el inmenso placer de participar, con mi relato breve “El Hada de la Sonrisa”.

EL HADA DE LA SONRISA

—Sandra Ovies Fernández—

Un tímido sol comenzaba a abrirse camino entre las nubes, dando luminosidad al día gris que había amanecido. La temperatura era muy agradable para finales de octubre. Desde de la ventana del hotel, Nicolás contempló extasiado, como si de un  cuadro de Monet se tratara,  el parque vestido de otoño.  La mezcla de colores que tenían los árboles era impresionante, verdes, amarrillos verdosos, naranjas, ocres. El sol se filtraba entre sus ramas y un leve viento los mecía, despojándolos de  sus caducas hojas y formando con ello una colorida alfombra que los transeúntes pisaban sin pararse a pensar   en cuánta belleza los rodeaba.

― Nicolás, dio un sorbo al café y  se dejo caer en el sofá que tenia al lado. «Un hermoso día para despedirme», pensó.

― ¿Nostálgico?―Era Laura que acababa de entrar y se disponía  a sentarse a su lado.

―Ya estás aquí ―dijo dándole un abrazo y un sonoro beso, como cuando era niño―. ¡Pero qué guapa!  Voy a ser la envidia de todos  los hombres en la sala.

―¡Ay, mi niño! Sigues tan zalamero como siempre. Laura miró a Nicolás, y a pesar de los años que habían pasado, reconoció aquel niño asustado y herido que había conocido hacía muchos años en el metro―.

― Ya sabes que tú para mí siempre serás El Hada de la Sonrisa.  Tu sonrisa nos salvó a mi abuelo y a mí aquel fatídico día.

― Ya estoy vieja y achacosa ¾dijo Laura levantándose con dificultad del sofá―. Son casi ochenta y cinco años los que llevo a mis espaldas.

¾Da igual los años que cumplas. Tu sonrisa continúa igual. Además no podemos defraudar a mi público. Tú eres la inspiración de mi concierto para piano más famoso y hoy por fin, van a conocer  al Hada de la Sonrisa.

―Pues no los hagamos esperar.

La sala que había habilitado el hotel para la rueda de prensa estaba a rebosar. Ningún medio de comunicación quería perderse la noticia que iba a dar en persona el gran Nicolás Casaus. Famoso pianista  que eran tan conocido por su arte como la discreción en su vida privada. Apenas se sabía nada de ella, para  su público era un gran desconocido, ni siquiera se sabía que le  había causado esa cojera que acusaba desde niño.

Con paso firme, elegantemente ataviado con un traje negro, acompañado de su inseparable bastón y con una elegante anciana del brazo, entró en la sala. La ayudó a acomodarse en la silla y posteriormente se dirigió a la mesa desde la cual daría la rueda de prensa.

La expectación era máxima en la sala. Casi nunca daba ruedas de prensa y mucho menos concedía entrevistas, así que algo muy importante iba a comunicar, ya que lo iba a hacer él en persona.

El murmullo de los allí presentes quedó ensordecido por la contundente y aterciopelada voz de Nicolás.

―Buenos días. En primer lugar quiero agradecerles su presencia. Soy  Nicolás  Casaus, por si alguien no lo sabe (con sonrisa burlona). El motivo de esta rueda de prensa es anunciar que me retiro. Este es el último concierto que doy.

La sala se llenó de murmullos y cuchicheos fruto de la sorpresa. Fue una joven periodista la que comenzó con las preguntas…

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